DE ROSAS Y ESPINAS
DE ROSAS Y ESPINAS
Ortega-Smith, uno de los líderes de VOX, ha llegado a decir que las "Trece Rosas", que así se conocen a trece mujeres fusiladas en la represión franquista tras el fin de la última Guerra Civil, habían cometido torturas, violaciones y asesinatos.
Naturalmente, se han echado encima todos los medios y los políticos para denostarlo. Con razón, hay que añadir. La condena fue por apoyo a la rebelión, sin que les atribuyeran esos delitos. Y en lo que yo he leído sobre las represaliadas, nunca he visto se les atribuyeran tales crímenes.
Creo que cualquier ser humano es capaz de cometer cualquier delito, cualquier pecado, pero que lo lleve a cabo es otra cosa. Allí basta la suposición, aquí es necesaria la certeza. Allí basta el indicio, aquí es necesaria la prueba.
Comprendería que se hubiera equivocado: pretendiendo decir que las izquierdas cometieron crímenes terribles, se ofusca, y los atribuye a estas trece socialistas. Hubiera bastado que lo pusiera en claro. Pues no. Entra en acción uno de nuestros peores defectos: "sostenella (o: defendella) y no enmendalla". Sin prestar atención a lo que dice San Agustín: "Errar es humano; persistir en el error, diabólico".
Hay más. Desde la transición a nuestros días se ha ido destruyendo constantemente la precaria reconciliación entre españoles, que comenzó en tiempos de Franco, en el tardofranquismo, cuando menos, y que parecía se consolidaría con la democracia. Pues no. Es muy rentable dividir al país en buenos y malos, y a eso se han dedicado con gran fruición los odia-a-España nacionalistas y sus compañeros de viaje y tontos útiles "progres".
Para combatir semejante deriva solo hay dos armas: la espada de la honestidad intelectual y el escudo de la honestidad moral. Con la primera, bien queremos la verdad. Con la segunda, afirmamos la verdad de la benevolencia. Si la guerra hubiera terminado con la victoria del Frente Popular, de los "rojos", como se llamaban a sí mismos, quizá aquellas trece mujeres hubieran sido trece espinas dedicadas a torturar, violar y matar a creyentes y a adversarios políticos. Pero no fue así. Vencieron los "azules" y se equivocaron en tomar por culpables incluso a quienes no lo eran, al tiempo que les pudo el afán de venganza.
Si fueron piadosos se debió a ser píos, no a ser apiadados.
Estas trece mujeres no fueron rosas, pero tampoco espinas.
Ortega-Smith, uno de los líderes de VOX, ha llegado a decir que las "Trece Rosas", que así se conocen a trece mujeres fusiladas en la represión franquista tras el fin de la última Guerra Civil, habían cometido torturas, violaciones y asesinatos.
Naturalmente, se han echado encima todos los medios y los políticos para denostarlo. Con razón, hay que añadir. La condena fue por apoyo a la rebelión, sin que les atribuyeran esos delitos. Y en lo que yo he leído sobre las represaliadas, nunca he visto se les atribuyeran tales crímenes.
Creo que cualquier ser humano es capaz de cometer cualquier delito, cualquier pecado, pero que lo lleve a cabo es otra cosa. Allí basta la suposición, aquí es necesaria la certeza. Allí basta el indicio, aquí es necesaria la prueba.
Comprendería que se hubiera equivocado: pretendiendo decir que las izquierdas cometieron crímenes terribles, se ofusca, y los atribuye a estas trece socialistas. Hubiera bastado que lo pusiera en claro. Pues no. Entra en acción uno de nuestros peores defectos: "sostenella (o: defendella) y no enmendalla". Sin prestar atención a lo que dice San Agustín: "Errar es humano; persistir en el error, diabólico".
Hay más. Desde la transición a nuestros días se ha ido destruyendo constantemente la precaria reconciliación entre españoles, que comenzó en tiempos de Franco, en el tardofranquismo, cuando menos, y que parecía se consolidaría con la democracia. Pues no. Es muy rentable dividir al país en buenos y malos, y a eso se han dedicado con gran fruición los odia-a-España nacionalistas y sus compañeros de viaje y tontos útiles "progres".
Para combatir semejante deriva solo hay dos armas: la espada de la honestidad intelectual y el escudo de la honestidad moral. Con la primera, bien queremos la verdad. Con la segunda, afirmamos la verdad de la benevolencia. Si la guerra hubiera terminado con la victoria del Frente Popular, de los "rojos", como se llamaban a sí mismos, quizá aquellas trece mujeres hubieran sido trece espinas dedicadas a torturar, violar y matar a creyentes y a adversarios políticos. Pero no fue así. Vencieron los "azules" y se equivocaron en tomar por culpables incluso a quienes no lo eran, al tiempo que les pudo el afán de venganza.
Si fueron piadosos se debió a ser píos, no a ser apiadados.
Estas trece mujeres no fueron rosas, pero tampoco espinas.
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