CRITICANDO A LOS CRÍTICOS
Por enésima vez, arrecian las críticas al obispo Munilla por parte de algunos sacerdotes y laicos.
Lo que traigo para meditar es este párrafo de un escrito de los disidentes:
"Medidas todas ellas que [...] socavan gravemente en fondo y forma la línea de catequesis por nosotros propuesta, y refrendada por los resultados de la encuesta, que antepone los valores del evangelio de Jesús a muchas de las normas y ritos que últimamente algunos están imponiendo por el poder de la dictadura dentro de nuestra Iglesia".
Podría decir, como observaba un amigo mío, que si estoy en un club, me he de atener a la normativa y fines de la asociación.
Sería suficiente, cierto. Pero este club es más que un club. Es el Cuerpo Místico de Cristo. Eso es lo que creemos los fieles, los hijos fieles de la Iglesia Católica.
Y la cuestión es: si la Iglesia Católica es una sucesión legítima de los autorizados por el Fundador que llega hasta nosotros o es la Gran Ramera que decían en los tiempos de la Reforma.
Si se acepta lo primero, necesario es admitir que el dogma, el rito, la norma, y, por supuesto, la Jerarquía, son La interpretación, son La opinión legítima y correcta del Evangelio de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios. Esto, que vale para la Iglesia en su conjunto, se concreta en cada Iglesia particular con el ejercicio de su pontificado por el obispo correspondiente.
Si no se acepta, es comprensible que el ejercicio de autoridad por parte del obispo se considere dictatorial... Sin embargo, por muy democrática en su funcionamiento que sea o debiera ser, eso no quita nada a la cuestión esencial: si la Iglesia es una realidad divina (el Cuerpo Místico) o meramente humana.
Para un creyente, la respuesta es obvia. Para un sacerdote, ni siquiera habría cuestión. Solo quien no tiene fe, --o la ha perdido--, cuestiona, rechaza o deja a un lado la autoridad del Papa o del Obispo.
Insisto. Jesús no nombró a ninguna asamblea. Fundó la Asamblea (Ekklesía) de los creyentes. Llamó --nombró-- a los Apóstoles. Y cuando los Doce se redujeron a Once, nombraron a uno de la asamblea. Y después dispusieron que hubiera diáconos, no apóstoles, para las cuestiones de logística...
Comprendo que los cismáticos tengan sus iglesias cismáticas y los herejes, sus iglesias heréticas. Unos no aceptaron la autoridad del Papa, los otros no aceptaron ni la del Papa ni la de los obispos. Lo que no comprendo, sin embargo, es esta afición de los descreídos a seguir en la Iglesia, que es Jerárquica.
Dicen: "nuestra Iglesia".
Falso: la Iglesia es de Cristo.
Nosotros somos "de Cristo, y Cristo, de Dios" (1Cor 3,23).
Lo que traigo para meditar es este párrafo de un escrito de los disidentes:
"Medidas todas ellas que [...] socavan gravemente en fondo y forma la línea de catequesis por nosotros propuesta, y refrendada por los resultados de la encuesta, que antepone los valores del evangelio de Jesús a muchas de las normas y ritos que últimamente algunos están imponiendo por el poder de la dictadura dentro de nuestra Iglesia".
Podría decir, como observaba un amigo mío, que si estoy en un club, me he de atener a la normativa y fines de la asociación.
Sería suficiente, cierto. Pero este club es más que un club. Es el Cuerpo Místico de Cristo. Eso es lo que creemos los fieles, los hijos fieles de la Iglesia Católica.
Y la cuestión es: si la Iglesia Católica es una sucesión legítima de los autorizados por el Fundador que llega hasta nosotros o es la Gran Ramera que decían en los tiempos de la Reforma.
Si se acepta lo primero, necesario es admitir que el dogma, el rito, la norma, y, por supuesto, la Jerarquía, son La interpretación, son La opinión legítima y correcta del Evangelio de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios. Esto, que vale para la Iglesia en su conjunto, se concreta en cada Iglesia particular con el ejercicio de su pontificado por el obispo correspondiente.
Si no se acepta, es comprensible que el ejercicio de autoridad por parte del obispo se considere dictatorial... Sin embargo, por muy democrática en su funcionamiento que sea o debiera ser, eso no quita nada a la cuestión esencial: si la Iglesia es una realidad divina (el Cuerpo Místico) o meramente humana.
Para un creyente, la respuesta es obvia. Para un sacerdote, ni siquiera habría cuestión. Solo quien no tiene fe, --o la ha perdido--, cuestiona, rechaza o deja a un lado la autoridad del Papa o del Obispo.
Insisto. Jesús no nombró a ninguna asamblea. Fundó la Asamblea (Ekklesía) de los creyentes. Llamó --nombró-- a los Apóstoles. Y cuando los Doce se redujeron a Once, nombraron a uno de la asamblea. Y después dispusieron que hubiera diáconos, no apóstoles, para las cuestiones de logística...
Comprendo que los cismáticos tengan sus iglesias cismáticas y los herejes, sus iglesias heréticas. Unos no aceptaron la autoridad del Papa, los otros no aceptaron ni la del Papa ni la de los obispos. Lo que no comprendo, sin embargo, es esta afición de los descreídos a seguir en la Iglesia, que es Jerárquica.
Dicen: "nuestra Iglesia".
Falso: la Iglesia es de Cristo.
Nosotros somos "de Cristo, y Cristo, de Dios" (1Cor 3,23).
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